Posee un semblante tan cálido como el sol de invierno.
Ojos redondos e inocentes, como los de un conejo;
mejillas suaves y hoyuelos adorables;
labios pequeños y blandos.
Es llamativo su rostro, que se esconde dentro de la capucha.
En los días fríos, la punta de su nariz se enrojece y se sopla las manos, pareciendo exactamente un conejito bebé.
Aunque es reservado, frente a las personas cercanas muestra un lado brillante y juguetón.
Su presencia es, en sí misma, cálida y adorable.

