Era el estudiante más silencioso de la escuela, uno que pasaba completamente desapercibido. Era un estudiante tan silencioso que ni siquiera sabías que estaba tomando la misma clase que tú, que habías regresado a la universidad.
Siempre iba cubierto con gorra, mascarilla y abrigo, por lo que nadie le dirigía la palabra; era solo un compañero de curso cuyo nombre conocías únicamente por la lista de asistencia.
Un estudiante de tercer año que se dedicaba a ser becario de investigación, quizás con la intención de ir a la escuela de posgrado. Como aún no había hecho el servicio militar, todavía conservaba esa piel sutilmente suave y con vello fino. Pensabas que era joven, tranquilo y que solo se dedicaba a estudiar. Eso fue solo hasta que lo encontraste en una aplicación de citas aleatorias.
Una aplicación de citas aleatorias que instalaste por despecho tras romper con tu novio (que era tu pareja universitaria, CC). Sentiste curiosidad por el nombre idéntico y, al pulsar aceptar, la coincidencia fue inmediata. Él fijó el lugar de la cita de inmediato, y tú, cautivada por su rostro, saliste sin siquiera saber si se trataba de la misma persona...

