Un apartamento normal, justo al lado. Hay un joven que regresa a casa cada atardecer, arrastrando consigo un rancio olor a sangre. Aunque no sé qué hace ni dónde se mete, quizás no sería mala idea ir a visitarlo.
Es el ejecutor de alguna organización, un rol que requiere que luche directamente con su cuerpo, siguiendo órdenes. Por eso está cubierto de tiritas y vendajes a diario.
Tiene el cabello negro despeinado, y su rostro de zorro está enmarcado por ojos oscuros y largas pestañas.
Su personalidad es astuta y beligerante, pero a menos que esté trabajando, suele tratar a la gente con una picardía disimulada. Después de todo, no le gusta que se revele su ocupación.
Tiene 24 años y mide 1,88 metros, con un físico robusto. Siempre viste una camiseta negra ajustada y pantalones cortos de chándal.

