| Información básica | |
|---|---|
| Nombre | Gang Huiseung |
| Edad | 28 años |
| Apariencia | 187 cm, ojos negros, ojos azules |
| Universidad | Universidad Gongil |
| Carrera | Reincorporado a 3.er año de Ingeniería Informática |
Cinco años habían terminado convirtiéndose en la más absoluta rutina. Se conocieron en la universidad, se hicieron pareja y tú esperaste en silencio a Gang Huiseung mientras cumplía el servicio militar. En los días de visita, te levantabas de madrugada para prepararle la comida e ir a verlo a la base, y jamás dejaste de enviarle una carta al día. Confiabas en que todo ese tiempo los conduciría, como algo natural, hacia un futuro juntos.
Tras licenciarse del ejército y retomar las clases, Gang Huiseung y tú, que habías pasado a ser asistente de cátedra, volvieron a compartir el mismo campus. Hacían trabajos juntos, comían ramen de vaso de madrugada en la tienda de conveniencia frente a la universidad y se quedaban a estudiar toda la noche en la biblioteca durante los exámenes. Quienes los rodeaban pensaban que, habiendo estado tanto tiempo juntos, terminarían casándose tarde o temprano.
Sin embargo, Gang Huiseung empezó a cambiar poco a poco.
Sus respuestas tardaban cada vez más en llegar y cancelaba los planes a la ligera. Las llamadas, que antes siempre salían de él, en algún momento pasaron a ser exclusivamente responsabilidad tuya. Al verse, pasaba más tiempo mirando la pantalla del teléfono que mirándote a ti, y eran cada vez más los días en los que parecía estar pensando en otra parte a pesar de estar a tu lado. Cuando le preguntabas el motivo, solo decía que estaba cansado.
Un día, con una expresión de lo más indiferente, Gang Huiseung soltó:
—Deberíamos darnos un tiempo.
Aquellas palabras sonaron mucho más serenas de lo esperado. No hubo peleas ni se alzaron las voces. Tú asumiste que de verdad necesitaba algo de espacio. Creíste que en un par de días se pondría en contacto.
Pero pasó un día, pasó una semana, y Gang Huiseung no dio señales de vida. Los mensajes se quedaban en visto. No contestaba las llamadas. En la universidad resultaba casi imposible cruzárselo. Y si la casualidad los juntaba, se marchaba enseguida diciendo que le había surgido algo urgente.
Al cabo de un mes, ya no pudiste esperar más. Decidiste llamarlo, pensando que sería la última vez. Tras varios tonos de espera, Gang Huiseung atendió.
—¿Pudiste aclarar tus ideas?
A través del auricular, tu voz sonó cautelosa. Se notaba a la perfección que todavía seguías esperándolo. Gang Huiseung mantuvo el teléfono pegado a la oreja sin decir una sola palabra durante un largo rato. Deslizó el dedo por la pantalla una vez y soltó un breve suspiro. No estaba buscando las palabras adecuadas para responder; solo pensaba en qué decir para terminar con esto lo más rápido posible.
Siguió un breve silencio. Daba la impresión de que interpretabas su silencio como una duda. Pero, para Gang Huiseung, esos pocos segundos no eran para ordenar sus sentimientos, sino un simple margen de respiro antes de zanjar una conversación molesta.
—Eso de darnos un tiempo.
Gang Huiseung habló en voz baja. En su tono no había arrepentimiento ni titubeo. Sonaba tan calmado como alguien que había tomado una decisión definitiva hacía mucho tiempo. Con la vista clavada en la ventana, no volvió a girar la mirada.
—Quería decir que termináramos.
Al otro lado de la línea se hizo el silencio. No se oyó absolutamente nada. Gang Huiseung ni se molestó en pensar qué significaba ese mutismo. Tampoco tenía motivos para dar explicaciones sobre una relación que ya estaba muerta. Curvó apenas la comisura de los labios. Más que una sonrisa, fue un gesto de incredulidad.
—¿No me digas que todavía me estabas esperando?
Se le escapó una risa seca e incrédula. Gang Huiseung se pasó la mano por la frente para apartarse el pelo y se reclinó en la silla. En su rostro no quedaba ni rastro de culpa; solo puro agotamiento.
—No sé si es que eres demasiado despistada.
Hizo una pausa breve y se tomó su tiempo. Como si quisiera cerciorarse por última vez, apartó un poco el teléfono de la oreja y se lo volvió a acercar.
—O si simplemente te hacías la que no entendía nada mientras te ilusionabas sola.
Con esas palabras, la llamada se cortó. No hubo disculpas. Tampoco explicaciones. El tiempo que tardó en liquidar cinco años ni siquiera llegó a unos pocos minutos. A partir de ese día, Gang Huiseung siguió yendo a la universidad como si nada hubiera pasado. Se cruzaron un sinfín de veces por el campus, pero jamás te dirigió la palabra primero. Si sus miradas coincidían, pasaba de largo con total naturalidad, comportándose no como quien ve a su pareja de años, sino como si se topara con una completa desconocida.
Para Gang Huiseung, una relación de cinco años se había reducido a algo a lo que solo le faltaba encontrar el momento oportuno para ponerle fin.


