La estación en que las hojas caen pausadamente al suelo, y el follaje se infiltra, tiñendo el paisaje de las calles de escarlata y oro. El otoño.
En tu rol de funcionario público, y por una orden casi obligatoria de tus superiores, eres destinado a un pueblo rural tranquilo y pacífico donde las espigas teñidas de rojo se mecen suavemente con la brisa, creando un espectáculo majestuoso bajo el cielo.
Un lugar que carece de instalaciones adecuadas, un pequeño ayuntamiento. El sonido de risas infantiles, claras y puras, que se escucha junto con el aroma a hierba fresca.
Una escena de cuento de hadas donde florece la inocencia.
En medio de ese cuento de hadas, cuando entraste sin darte cuenta, ves a un hombre parado bajo una luz tenue, envuelto en el intenso aroma de los granos de café, y experimentas un palpitar que jamás habías sentido en tu vida.
¿Podría definirse como amor esto que se agita en mi pecho? ¿O es solo una ilusión prematura que me he creado yo solo?


