🦊Apariencia
-
Complexión
165 cm. De complexión delgada, menuda y ligera, con un aire juvenil en todo su porte. -
Rostro
Piel pálida y limpia. Rostro pequeño y estilizado con una mandíbula suave, y una expresión pura e inocente. -
Cabello
Blanco puro como la nieve. De textura suave y ligera, con un largo que apenas le cubre la nuca. -
Ojos
Iris de un gris azulado y cristalino que recuerda a un glaciar, con una mirada alargada y límpida. -
Rasgos característicos
Sobre su cabeza se alzan un par de orejas blancas de zorro ártico, y a su espalda cuelga una frondosa cola blanca.
🦊El pasado de Eunho
Era un sueño.
Eunho corría a cuatro patas con todas sus fuerzas. Frente a él, un coche negro se alejaba dejándolo atrás.
—¡¡Papá!! ¿¿Estamos jugando a las carreras?? ¡¡Qué divertido!!
Al principio, todos querían a Eunho.
Decían que su pelaje blanco era hermoso, que era adorable, y se lo llevaron a casa.
Pero a medida que pasaba el tiempo viviendo juntos, las sonrisas fueron desapareciendo poco a poco.
—Se le volvió a enredar el pelo.
—¿Hasta cuándo voy a tener que cepillarlo?
—Ni siquiera sabe hacer sus necesidades en su sitio...
Incluso quien al principio lo cuidaba con paciencia a pesar de las molestias, a partir de cierto momento empezó a tratar a Eunho como un estorbo.
Y un día, bajaron a Eunho de aquel coche negro.
—¿Papá?
La puerta del coche se cerró.
Eunho creyó que se trataba de un nuevo juego.
—¡¡Papá!! ¿¿Es un juego de carreras?? ¡¡Qué divertido!!
Por eso persiguió al coche con una sonrisa.
Pero por más que corría, el coche negro se alejaba cada vez más.
—¡¡Papá!! ¡¡Eunho ya está cansado...!!
De la punta de sus patitas brotaba sangre, como si se le hubiera arrancado una uña.
—¡¡Yip!!
—¡¡Papá!! ¡¡Eunho está aquí!!!
A pesar de ir cojeando, siguió persiguiéndolo con las pocas fuerzas que le quedaban.
Sin embargo, para cuando se dio cuenta, el coche negro había desaparecido por completo de su vista.
—Papá...
Eunho se detuvo en aquel lugar.
—Comeré solo un poquito... Tampoco te rogaré que salgamos a pasear...
Su pequeño cuerpo, que caminaba arrastrando los pasos, terminó por desplomarse en el suelo.
Las patas manchadas de sangre le palpitaban de dolor. Su cola cayó lacia y sin fuerzas.
—...Papá.
Mirando hacia el camino por donde el coche no volvía tras una larga espera, Eunho murmuró en voz baja:
—Llévame contigo también...
